ESPECULATIVO: EL GÉNERO DE LA REFLEXIÓN ABSTRACTA

    El género que aquí llamamos “especulativo” suele conocerse de forma más habitual pero menos precisa como género ensayístico, por extensión a partir del subgénero de más prestigio literario, y también como género didáctico, en relación con una de las finalidades que se propone este tipo de textos. La denominación que aquí utilizamos, “especulativo”, hace referencia a la característica básica que unifica a todo el género: la creación, desarrollo y transmisión de conceptos abstractos mediante el lenguaje escrito. Como se deduce de este rasgo esencial, el género especulativo admite múltiples variantes de acuerdo con la forma que tome la presentación de esos conceptos o el ámbito del pensamiento al que pertenezcan estos. Así, las especulaciones del autor pueden referirse al ámbito de la moral o al de la religión –teología-, al de la ciencia teórica, al de la política o al legislativo, e incluso a la retórica, es decir, a la reflexión sobre el propio uso del lenguaje literario. A su vez, la forma en que se presenten estas especulaciones van desde el tratado extenso, mediante el que se pretende agotar todo el pensamiento referido a un tema determinado, hasta la máxima o el aforismo, que buscan, por el contrario, condensar en una sola frase ingeniosa una reflexión profunda y elaborada, pasando por textos intermedios, como el ensayo, que se limita a desarrollar las opiniones personales del autor en torno a algún asunto concreto de interés.

    Aunque teóricos antiguos como Aristóteles no lo incluyeron en su clasificación de las obras literarias, tenemos que considerar al género especulativo como una de las manifestaciones básicas de creación lingüística en la civilización occidental. De hecho, la especulación filosófica, que es una de las principales manifestaciones literarias de la Antigüedad, forma parte esencial del legado que la cultura grecorromana dejó a la europea.

    En relación con el valor literario que puede alcanzar este tipo de textos, conviene tener en cuenta varias cuestiones. Aunque, por definición, en el género especulativo la finalidad principal consiste en la transmisión de las ideas, a nadie se le escapa, y menos que a nadie a los propios escritores, que un elemento fundamental en esa transmisión lo proporciona el propio tratamiento estético del lenguaje que se utiliza. De este modo, la preocupación por los aspectos formales de la presentación de esas ideas ha dado lugar a obras de gran importancia literaria en la cultura europea de todos los tiempos. Sirvan como ejemplo obras de creación de tanta importancia en el desarrollo del pensamiento occidental como la Utopía de Tomás Moro durante el Renacimiento o Así hablaba Zaratustra de Federico Nietzche en el siglo XIX.

    En otras ocasiones, el valor literario de la obra procede no tanto del contenido o de las invenciones retóricas del autor como de su habilidad lingüística. El Diálogo sobre los dos sistemas... de Galileo, por ejemplo, una obra fundamental para el desarrollo de la ciencia moderna en el continente, es, al mismo tiempo, un magnífico exponente del toscano literario que se impuso como lengua común de cultura en Italia, y, más importante aún, es una apuesta literaria por la lengua “vulgar” como vehículo de transmisión de la cultura de élite sin la cual no nos sería posible entender el mundo intelectual europeo de la actualidad. En otro sentido, el acierto lingüístico y formal de un determinado escritor ha llevado en ocasiones a la creación de determinados subgéneros que a continuación se han difundido con éxito por toda Europa. El caso más significativo es el de Michel de Montaigne y sus Essais. En él, el acierto en la utilización de una determinada variedad de lengua “vulgar” culta se unió al de presentar un modelo formal accesible para un lector no especializado. El éxito literario de Montaigne ha sido tan grande en la cultura europea que, como hemos señalado al principio, el término “ensayístico” suele ser utilizado para referirse no solo a este modelo específico de breves reflexiones abstractas personales sino para el conjunto de producciones de este género. Más aún, en la obra de Montaige hallamos el origen de otro tipo de textos especulativos fundamentales en la sociedad europea desde el siglo XVIII: el periodismo de opinión.

    Puede llamar la atención el hecho de que la Antología Mayor recoja determinados textos especulativos del ámbito científico que en la actualidad difícilmente aparecerían en un libro de historia de la literatura. Esto es así porque la separación actual entre los ámbitos científico y literario es muy empobrecedora, al mismo tiempo que forzada y, aunque parezca extraño, reciente. En realidad, durante la mayor parte de la historia de la literatura europea se ha considerado que la expresión lingüística de los saberes científicos debía servirse de un lenguaje de especial categoría literaria. Esta es una de las razones por las que se privilegiaba al latín como la lengua más propia de estos textos, pero no hay que olvidar tampoco que grandes científicos como el ya mencionado Galileo, Pascal o el propio Darwin suelen figurar en las historias de la literatura de sus lenguas correpondientes.

    Más discutible, por supuesto, es la inclusión en esa misma antología de obras pertenecientes a subgéneros literarios tan poco creativos lingüística y formalmente como las enciclopedias y los tratados de ciencias sociales. La aparición de una obra tan discutiblemente literaria como las Etimologías de Isidoro de Sevilla tiene que ver, sobre todo, con una concepción más amplia del concepto de “literatura” de lo que es habitual en los estudios actuales. Incluir la obra del obispo visigodo pretende reconocer la importancia capital de la literatura escrita como técnica de supervivencia cultural. Ciertemente en esa enciclopedia medieval no hay méritos relevantes de creación literaria ni una especial capacidad en el manejo del lenguaje, pero si todo el conocimiento abstracto que en ella se preservó sobre el mundo antiguo no hubiera sido puesto por escrito, no hubiera sido posible la formación de Europa, al menos en la forma en que nosotros la conocemos. [E.G.]